Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra

4 oct 2016

Últimas nuevas

―Ya ves, Fermín, que murió aquel árbol ¿Te acuerdas cómo pasamos horas trepados en aquellas ramas? Ese nogal de verdá que estaba macizo, nomás que don Melquiades, ‘ora que volvió con hartas cosas, ya rico pues, decidió crecer el huacal y tiró el árbol.
La tía Fernanda ya no vive; murió hace un tiempo, ya pasa del año, nomás que estuvo enferma desdenantes y tenía todavía más rato que no hacía ya esos merengues que nos daba cada domingo. Te has de acordar, ésos que devorábamos en segundos. Su hija quedó con la receta –la prima Amaranta, ésa que nunca se casó- pero ya no le salen como los de la tía.
También se cayó la torre de la capilla. Nadie halló muerte ahí debajo porque fue en la madrugada, pero el padre José murió del infarto. Dicen que del ruido creyó que era una bomba y ya ves, que nunca se recuperó de cuando fue a la guerra.
Tu hijo Arcadio está re grandote, ya no es un niño, Fermín, en unos meses cumple veinte y ya está casado; se consiguió una buena mujer que le ha dado tres chamacos. Y tu hija Úrsula se casa pronto; es re buena mujer, ¿y cómo no? Si la crió su madre.
Hablando de eso, Fermín, la Remedios me la traje a vivir conmigo. La dejaste bien solita y ya ves que yo siempre la quise bien. Todo esto te lo digo de buena manera, Fermín, no pa que te enojes. Yo sé que te gustaría saber qué ha sido del pueblo que nos vio crecer y de la gente que dejaste. No me lo tomes a mal, Fermín, verdá de Dios que lo digo de buen modo, hasta te traje tu pulque. Y bien sabes, Fermín, que te aprecio, que fuimos amigos desde niños, pero vieras cómo lloraron la Remedios y tus hijos, te lo juro por ésta que te extrañamos.

Ya me vuelvo al pueblo, Fermín, nomás venía a visitarte como cada santo tuyo. Ahí te mandé a decir tu misa, y dispénsame, ya ves que la vida no sabe guardar lutos.

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