Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra

4 oct 2016

Siempre me querrás


                     Por: Emmanuel Martínez Rangel

  El muchachillo cabizbajo cerró aquel libro de tajo. Se vislumbraba entre la espesura con luz tenue que iluminaba su rostro una ligera sonrisa. Regresó a ver por sobre su hombro derecho. Corrió ligeramente la cortina y vio en aquella esquina la luz de tu balcón, la sonrisa ya un poco más pronunciada y llena de melancolía ingrata lo dominó, y fue víctima de aquellos otros días, de aquella noche que lo dejaste ¿lo recuerdas?, la rosa en su chaqueta, esa que nunca te dio en la maldita ^.

   La misma dueña de otras proezas, era también su maleficio, esa noche fue a caer la farsa que igual y nunca alimentaste, recuerdo furtivo de verdugo masoquista, como lo fuiste a dejar ahí, solo, tan solo el pobre hombre que daba lastima, diste media vuelta, y a los tres pasos te tomó la mano, lo regresaste a ver como quien ve a un extraño y vislumbré el mismo rostro desencajado de esta noche.

  A tu andar baldosa a baldosa caían tus ilusiones que eran más bien suyas. Llegaste a la esquina solo para caer en un abismo. La chica de la esquina no se movió más, no te moviste de ahí, pero era muy tarde, nadie merece regresar a donde lo hirieron, y aunque regresar era solo cuenta tuya el orgullo maldito les dominó. No se llamaron por un tiempo y cuando por fin lo quiste decir, decir que te habías equivocado, era ya muy tarde, regresaste un par de noches a tocar la puerta pero nadie salió.

 Si vieras las puñaladas que le daba a la pared para no abrirte, si vieras como se mataba leyendo y releyendo “el capítulo seis” de ese maldito libro. Ya nada queda de aquel que fue a tu lado, ese hombre se ha ido y tú ya te has marchado. El sentido de culpa le invadía a la chica, como si la culpa fuera solo de uno, como si se pudiera ver de pupila a pupila solo con el deseo.

  Ahora yo he de cerrar este libro de pastas guindas, tú lo sabes mujer. Siempre me querrás, siempre me vas a querer… pues yo represento para ti todos los pecados que nunca has tenido el coraje de cometer.


  Tienes que marcharte, regresar a tu vida, tienes que dejarme ahora que aquel hombre te espera. El hombre cerró de tajo el libro y regresó a ver por sobre el hombro derecho. El desgastado era de Wilde, Oscar Wilde El Retrato de Dorian gray capitulo 6.

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