Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra

3 oct 2016

El eterno silencio

Ejercicio I

César Alejandro Cantú Olivares
FCSyH, CUART: Taller de escritura
Martes 04 de octubre de 2016

Instrucciones: con base en algún refrán (elegir sólo uno), de los propuestos en clase, realiza un relato en el que denotes el tema del mismo.

EL ETERNO SILENCIO
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Aquella mujer altiva en su caminar y de una beldad inigualable, la misma que ahora tendré la desdichada fortuna de ver, agonizando en esta cama de Hospital, siempre fue para mí el mayor tesoro jamás conquistado por nadie.
         Desde que la conocí en la Facultad me llamó la atención con solo verla, y la vista, como flecha de Apolo asaeteando a los cíclopes aliados de Zeus, perforó mi pecho fulminándome el corazón y encendiendo en mí alma un Amor que no pudo ser más que un eterno silencio. Siempre he sido tímido, poco osado y un tanto solitario, por lo que me resultaba muy difícil hablarle, y si lo hacía, solamente eran cosas concernientes a nuestras materias de la carrera que cursábamos juntos en la Facultad. Nos graduamos y la veía muy esporádicamente, pues ambos éramos investigadores muy ocupados.
         La enfermedad que afecta las células de mi cuerpo, gracias a haber sido un fumador empedernido, está en una fase muy avanzada, por lo que inevitablemente, dice el doctor, moriré en un par de días. Estoy esperándola, aquí, recostado en esta cama de Hospital, he pedido, como última voluntad antes de mi muerte, que por favor la trajesen para hablar con ella y convertir en música armoniosa aquel eterno silencio. Dicen que viene en camino y que pronto estaremos juntos. Me siento emocionado, por primera vez en mi vida me siento alguien valiente, alguien capaz de expresarse, alguien fuerte, la veré, no hay nada más que me importe, ni siquiera la muerte… sí, la voy a ver. Pasan algunas horas y pregunto impaciente y alterado a la enfermera:
         -Disculpe, enfermera, ¿aún no llega la señora a la que espero?
         -Permítame un momento, señor, preguntaré en la sala de espera si ya ha llegado la persona a la que espera, ¿cómo dice que se llama?
         -Angerona, ella se llama Angerona.
         La enfermera salió de la habitación y regresó a los quince minutos, la respuesta fue negativa, aunque sí me dio una explicación. Dijo que se le había complicado la visita porque le surgió un evento inesperado, y es que su hermano había sufrido un ataque de pánico, y ella era la única que podía calmarlo, sin embargo, que se presentaría mañana a primera hora de visitas.
         Aquella noche no pude dormir, pensando que la muerte estaba cerca y yo siendo esclavo de mi silencio, debía decirle a esa bella mujer lo mucho que la he amado desde aquel instante que con la vista me flechó. Me dieron unas pastillas, me tomé un té y dormí hasta que mi cuerpo quiso. Cuando desperté, lo primero que vi fue un ramo de flores en la mesita de al lado de la cama y una nota que decía: “tranquilo, regreso más tarde”. No decía quién las había mandado, pero yo lo suponía y, lo único que pude hacer después de esto fue sonreír a la par que unas cuantas lágrimas corrían humedeciendo salinas mi faz. Desplegué las cortinas, quería ver el Sol, mas estaba lloviendo fuertemente sobre el gris del pavimento; esto no logró desanimarme del todo, tenía un mal presentimiento, de pronto, volteo hacia la puerta de la habitación y un frío inexplicable recorrió mi cuerpo, no pude hacer nada, empecé a toser sangre, me desmayé.
         Cuando desperté, ella sujetaba mi mano, me dolía todo el cuerpo, intenté decirle lo que siempre había callado, no pude, mi garganta estaba muy acabada por el cáncer, ella me dijo: “no temas…” lo demás no alcancé a escucharlo, morí…

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