Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra

16 may 2015

Carta de cumpleaños

Por: Angélica Vilet

Las luces de colores prendían y apagaban constantemente, el ruido de sirenas aturdía mis frágiles oídos, las voces cual susurro ensordecedor no paraban de escucharse, la gente caminaba  de un lado para otro, sin rumbo, los transeúntes se detenían a mirar, curioseaban, murmuraban, a lo lejos escuchaba el claxon de automovilistas desesperados que impacientes esperaban no se que, y yo, confundida, sin rumbo, detenida en el tiempo, miraba, escuchaba, caminaba tomada del brazo de unos desconocidos, me encontraba ahí entre tanta gente, tratando de recordar…

Días antes había sido mi cumpleaños número 21, esa mañana, salía de mi casa rumbo a la universidad, espere atenta al autobús que me llevaría a mi destino: la facultad, donde me esperaba un largo día, comenzando por la clase que tanto odiaba y no por los temas que se veían en ella sino por el maestro, un ser extraño del que yo suponía era drogadicto, su mirada fija en el horizonte sin fijarse en nada, como autómata, iniciaba la clase, explicaba el tema y su letra en extremo chueca me sugería que tipo de persona era él, pues mi abuela me enseñó de pequeña a ver y observar las letras, conocerlas y definir la personalidad de las personas con tan solo ver como escribían, siempre pensé que esto era gracioso. Pero en esta clase no lo era, él me daba miedo, su letra me decía cosas horripilantes de él,  me ponía a temblar cuando me preguntaba algo,  sus ropas eran descuidadas y sus pasos recorriendo el salón me provocaban pavor. No se porque finalmente caí en la clase con ese profesor, jamás lo hubiera querido, pero Héctor, mi amigo en la Universidad me inscribió y tuve que tomarla. Al final salía corriendo de esa clase, sin esperar a que él saliera, pero ese día las cosas no sucedieron así…
Cuando tomaba mis libros para retirarme el maestro se paro detrás de mí, percibí su  colonia estropeada, un olor que me provocaba asco, pero tome fuerzas y me contuve, por un momento el mundo se detuvo. Sentí su brazo tomarme del hombro y frente a todos mis compañeros me extendió la mano  para darme un obsequio ¿cómo pudo enterarse de mi cumpleaños? ¿quién pudo haberle dicho? Sentí un escalofrío por todo mi cuerpo, dejé su mano extendida con la caja en la palma y salí corriendo.  Después de este suceso nada fue igual para mi, aunque las demás clases transcurrieron normal, la carrera que había elegido me gustaba. Llegó la tarde y salí a mi trabajo, volví como cada tarde a tomar el autobús rojo con amarillo que me llevaría al lugar donde después de tres años he logrado aprender muchas cosas sobre jardinería.

El trayecto era de una hora, entretanto, sentada en el duro asiento cual roca de mina, observaba la calle,  miraba la gente pasar y veía los carros que se peleaban unos con otros por llegar a tiempo a su destino. Mis manos sintieron la bolsa que se hallaba en mis piernas,  toque mi libro, lo saque , lo extendí y me puse dispuesta a leer. Recordé la página en que me había quedado un día anterior y ahí estaba, me sorprendí, la tomé,
La volteé, vi mi nombre escrito con letra manuscrita, dorada, grande, ¡hermosa! Mire hacia arriba, vi su nombre pequeño en una esquina ¡y con su letra! ¡La reconocí inmediatamente!

La carta decía así:

Pequeña Lucy,
Se que para ti esta carta es extraña, inimaginable, irreconocible. Es una confesión. Me encuentro solo, ahogado en mi papeles y en mi tristeza. Las palabras se quiebran en mi voz, no puedo armarlas, no se como empezar. La historia es larga. El río de lagrimas que cubre mi rostro lo es más. Tengo en mis manos tu historia, mi historia, nuestra historia.

Aquella que inició hace 21 años, cuando tu naciste. ¡Fue el día más hermoso de mi vida! Tu carita cubierta de lágrimas lloraba al nacer, blanca como la nieve, pequeña y frágil como una flor, tu cuerpecito cálido y mojado lo tome en mis manos y lo coloqué en el pecho de tu madre, ambos te mirábamos con esa dulzura y amor que opaca todo el odio que pueda existir en el mundo, tu mirada y la nuestra se cruzaban, tu vida y la nuestra se unían. Ese mágico y hermoso día que siempre permanecerá en mi recuerdo.

Tres años de felicidad a tu lado pasaron, jugueteando, corriendo, amándonos, tu pequeños besos me enamoraban, tus pequeños brazos me abrazaban inocentes, tus gestos, tu carita, me decían que me amaban y yo imaginaba mi vida siempre junto a ti mi pequeña.

Pero un día te perdí, tu madre te alejó mi, y no supe más de tu presencia. Mucho tiempo creí que vivía un sueño, que regresarías, me quedé esperando, muriendo por ti. Hundido en el alcohol, en la miseria, en la tristeza. Sabiendo que un día iba a pasar, lo intuía pero me negaba a creerlo. Los años pasaron.

Hoy te encontré, después de 18 años he vuelto a saber de ti, he cambiado, el alcohol  lo he dejado, pero sigo descuidado, desaliñado triste, con la enfermedad por la cual sólo quedé y con tu recuerdo vivo en mi.  Te he seguido estos últimos 2 años, no he querido acercarme a ti, te he visto entrar a la Universidad, que casualidad! A la misma donde yo imparto clases.
No pude creerlo, los nervios me comían cuando me enteré que estarías en mi clase, que estaría cerca de ti.
Si, ahora lo has adivinado, yo tu maestro soy tu padre, aquel con el que no viviste tu niñez, ni tu adolescencia, aquel del que te separaron cuando aún una pequeña eras, aquel que te amaba y te ama con locura.

Se que me odias, que te doy asco, que me temes, lo intuyo, lo siento. He hecho todo lo posible para que así suceda, no quiero que te acerques a mi, tengo miedo, miedo de que no me quieras, de que no me aceptes, de que ya no me ames ni me recuerdes.

Ayer leía un libro que saque del desván, cayó una foto, eras tu, era yo, éramos juntos en un amanecer. Entonces  me pregunté si valdría la pena arriesgarme y acercarme a ti hoy que es tu cumpleaños número 21, el cumpleaños que cada año recordé por años.

Te he contado todo hija, ahora que sabes la verdad, ahora que sabes que siempre te ame y que sigo muriendo por ti, que sigo esperándote cada día al llegar a casa como cuando eras pequeña, te necesito como siempre y te amo mi niña.

Con amor 

Tu padre.

Terminé de leer la carta, estaba ensordecida, no entendía lo que sucedía, mi alma destrozada hasta el fondo. Entumida lloraba. Guarde la carta, cerré el libro, lo metí en mi bolsa. Me pare del asiento, llegue al final del autobús, hice la parada. Me baje. No sabía donde me encontraba, era de noche. Camine como autómata, llegué a lo alto de un puente, me pare de puntas, mire hacía abajo, mi cuerpo estaba congelado, mi mente en blanco, mis brazos helados. La noche era fría, mire al horizonte, sentí el aire fresco sobre mi rostro y no supe más de mi.




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