Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra

16 may 2015

Carcel de letras

Por: Angélica Vilet

Sentada en el Jardín bajo el más frondoso de los árboles del parque, con sus ya avanzados 40 años, se hallaba Rosa, aquella tarde del mes de Abril, en las orillas de la ciudad, con la calma y quietud de un bello y tranquilo atardecer.
Pero en contraste con ese paisaje tan maravilloso su corazón estaba enardecido de coraje, no soportaba pensar todo lo que sabía y no poder decirlo. Regresaba de pasar la tarde con su editor, habían discutido, y aún así produciría una más de sus obras. Su machismo estaba a flor de piel. No podía soportar más esa relación tan loca editor-pareja.
Pese a todas las contrariedades y agitaciones de amor y de trabajo que habían venido a perturbar su vida en estos últimos días, Rosa, con su serenidad distintiva, aunque un poco pálida y fría, rabia y odio en su corazón, llegó a caminar al parque, dejó caer su bolso y tomó asiento a la sombra del árbol más exótico que encontró.

ROSA:

¡Diablos!
¿Cómo ser feliz si tienes a tu lado un ser que te detiene en lugar de amarte?
¡Que te encierra y te pone a trabajar?

Se queda callada.

¿Qué debo hacer? ¿Quedarme callada? ¿Gritar?
Somos iguales, profesiones diferentes pero nos hemos entendido.
Aunque ¡claro! ¡A veces no te soporto! Eres tan arrogante, crees que todos debemos rendirte pleitesía, trabajar para ti, cubrirte.

Se acomoda en el pasto

Eres el jefe, estoy de acuerdo, pero ¡Entiende! Soy tu pareja, hemos vivido juntos por 12 años, ¿Cómo puedes tratarme de esa manera? Jajaja ¿Cuánto tiempo más crees que podré soportar? Y mis libros…

Se queda pensativa

No entiendo…¿Qué tiene de malo mi libro?

Grita con desesperación 
y voltea a los lados a ver si no pasaba alguien por ahí.

No puedo olvidar cuando te conocí, aquella noche, en el bar…
Tu, en la mesa con tus amigos y yo… yo llegué a tomar una copa sola, triste, acongojada. Me senté en la barra, pedí…¡Ya ni recuerdo!, lo que si recuerdo es que llegaste tu, te sentaste a mi lado, me miraste. Sentí tu presencia, me sonreíste.

Suspiro

Pasaron los días, nos fuimos conociendo. Salíamos al café, caminábamos por el parque, íbamos al cine. Y al cabo de un tiempo reconocimos la inevitable conexión que nos unía, yo amaba escribir y tu, tu amabas leer. Tenías el poder económico para tener una casa editora, tus padres te ayudaron a ponerla y echarla a andar, y tu supiste trabajarla. Sin embargo siempre me pregunto: ¿hubieras podido lograrlo sin tus padres? Fueron bellos momentos, conocerte, descubrirte y amarte.

Se queda pensando

Durante un par de años todo fue dulce luna de miel. Pero ¡ah que estúpida fui! ¿Cómo no pude verlo en ese momento? Si bien dicen los que saben (o sea los que lo han vivido) ¡Que el amor es ciego!  Me gustaba sentarme en la banca a platicar contigo sobre nuestro futuro, ¡lo imaginaba contigo! Si, ¿Cuántos hijos tendríamos? ¡Ah, ya recuerdo! Tu querías 2 y yo 4. Los imaginábamos y platicábamos largas horas sentados aquí, en este mismo parque, ¡en éste mismo árbol!

¡Qué dichosos éramos! No había muro que nos detuviera ¡Todo lo podíamos!
Me mostrabas los libros que te gustaban, me leías frases de amor.

Pero…¡ajá!
¡Eres un ca…!
¿Cómo fui tan tonta? 
¡Me manipulaste tantos años!

Se queda callada, moviendo la cabeza, 
pone las manos sobre su cabeza y hace un berrinche.

¿Cómo quisiera regresar el tiempo? Durante mucho tiempo me mantuviste encerrada, escribiendo, creando, escribiendo y…escribiendo, mientras tu vendías y vendías mis libros y yo…ni cuenta me daba. Llegabas a casa con dinero y me envolvías con tu rollo.
¡Ganaste tanto! Que yo ni cuenta me di como todo fue creciendo, abriste cuentas, compraste la casa, ¡Tu casa! ¡Y mi cárcel! Ahí me construiste un estudio donde me ponías a trabajar, primero toda la tarde, después toda la mañana y al final ¡hasta parte de la noche!

Se pone a caminar alrededor del árbol

¡Guau! Me embobaste.

Nació una pequeña, que literalmente yo cuide y eduqué, porque nunca permitiste que fuera a la escuela. Ahí nos tuviste encerradas a las dos, ¡ni salir podíamos!
Cuando la pequeña Ale creció, aprendió a escribir y luego, nos mantuviste encerradas a las dos escribiendo todo el día, casi era imposible salir del estudio, me envolvías con cualquier cosa, que me mantuviera ahí, escribiendo.
Yo no tenía nada, ¡Sólo a mi pequeña!, renuncié a toda mi vida por ti.

¡No te soporto! ¡No resisto más!

Lo repite con odio y se detiene frente al árbol mirando hacia arriba.

Hoy, la pequeña Ale tiene ya 6 años, seguimos ¡en cautiverio! me has humillado nuevamente, por más que te rogué, mis novelas las vendes, mis historias las cuentas, ¡no has dejado de hacerlo! Pero… ¡Por Dios!

Rodin, decía que el arte es el placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también ésta tiene alma. Pero tú, ¡eres un infeliz! No has descubierto mi alma, al contrario, la has cubierto de arena, hasta quedar enterrada.
Pero saldré adelante, no puedo quedarme así.

Entonces se para frente al árbol y le habla como si fuera una persona

Nunca nos casamos, nunca te juré fidelidad ni amor por siempre, así que no rompo ninguna promesa. No se que hagas tu fuera de casa, pero ¿sabes? Ya no me interesa. Tu vida, ahora lo veo, nunca me ha pertenecido, más bien, era de tus padres, que te dieron todo y a quienes le debes todo.
Si, lo confieso Te amé, pero eso fue ¡hace mucho tiempo!
Nos vamos, juré venganza, te dejo sin mis libros, no sé que venderás hoy, porque cuando necesites mas novelas yo ya no estaré aquí para ayudarte y entonces…¡A ver que haces!
Me llevo a mi pequeña, por fin saldrá a la calle.

Camina y se va al otro lado del árbol, pero lo sigue mirando.

¡Ja! Me extrañarás y te volverás loco! Recuerdas hoy cumplimos 12 años y tu, ni cuenta te has dado. Al contrario, hemos discutido como nunca lo habías hecho. Te dejo la puerta abierta, puedes salir, tomar tu copa, emborracharte, llorar, gritar, yo ¡no estaré ahí!

Se aleja del árbol y mira hacía el público

Uds. ¿Creen que yo deba quedarme? ¿No entiendo?
¿Por qué sigo dudando? Me he conformado muchos años, he mantenido mi encierro en silencio, escribiendo como autómata novela tras novela, haciéndolo rico, dejando las sobras para mí, he llorado tardes y tardes, he parido a mi hija y soportado también su encierro, sola he vivido por años, sola con mis libros, he tenido malos pensamientos de suicidio, soportando sus engaños, sus vilezas.
¿Que esperan? Yo, débil como soy ¿Qué podía hacer?¿Pero saben?
¡Carajo! Ya basta, me voy, no tengo vergüenza, ni arrepentimiento, me utilizó por años.
Me equivoqué al elegirlo, lo sé. Pero mi vida y la de mi pequeña sigue. Debo apresurarme o el llegará a casa.

Se marcha, deja atrás su vida, y mira un nuevo comienzo.

























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