Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra

20 sept 2016

Transición



Gabriela de Jesús Acevedo Domínguez




Otro día más, y todo sigue igual. La misma rutina una y otra vez. Levantarme a las 6.00 AM, arreglarme, comer algo y luego, salir de la casa rumbo a la escuela, para estar allí 7 horas eternas escuchando clases monótonas y aburridas. Bueno, al fin y al cabo, no todo es una pérdida de tiempo. Lo más divertido de asistir a esos lugares, es cuando puedes socializar y convivir con tus amigos.
Pero, no… Ahora recuerdo que hoy es un día especial. Si, ¡Hoy un día especial! Porque termino la secundaria. Al fin he terminado esos años obligatorios de la educación, ahora sí podré hacer lo que quiera: Divertirme, irme a fiestas con mis amigos, dar el rol por el centro, conocer personas, VIAJAR...
Si, estar en lugares en donde se pueda caminar tranquilo, vivir sin estrés de la ciudad y sus monotonías. De respirar aire fresco y puro, de estar en el campo, de ir a algún jardín y oler el pasto fresco, de escuchar las aves cantar, mirar el cielo y encontrarle figuras a las nubes y contemplar las estrellas al anochecer. Hay, aquellos tiempos. ¡Como quisiera volver!
Salgo de la casa, y mientras llego a la parada de camión, miro al cielo. ¡Oh, esta vez es claro y despejado! Parece que será un día bueno. Luego, observo a las personas que están cerca de mí, ellas también esperan la ruta que las llevará a su destino cotidiano. Algunas van de prisa, otras desganadas, y otras ilusionadas.
Llega el camión, y como casi siempre, una manada de gente se acerca al transporte. Voy al final de la fila. Cuando logro subir, el chofer  da la bienvenida con una sonrisa, que ha contagiado a todos los que íbamos allí.
Media hora duró el recorrido, y sigo el camino. Voy por un lugar solitario y desértico, en donde de un lado nada más pasan los carros a toda velocidad, y del otro hay pura maleza. En otro tramo polvo, y más para allá suelo a desnivel.
De pronto, me detengo rápidamente. -¿Qué te pasa Andrea?. ¿A donde vas?. Tienes 18 años, reacciona. ¿Qué va hacer de tu vida?-. Reflexiono un momento, y vuelvo a la realidad. ¡Qué rápido pasa el tiempo!, ya han pasado 3 años desde aquél día, y aún continúo con los sueños de aquél entonces, sólo que con un enfoque diferente. Antes, era por diversión, ahora, por necesidad. Estas ganas de querer viajar, son las que me impulsan a continuar con esto que parece una locura.
A llegado la noche, la luz de la luna ilumina este camino empedrado. Y con el único reflejo perceptible en este desierto, sigo adelante tratando de no dar señales de mi presencia. Si, parece que alfín lograré mi objetivo, estoy del otro lado. Con las últimas fuerzas que me quedan, corro por un pasadizo en búsqueda de algún refugio, pero nada. Cuando estaba a punto de meterme a unos baños públicos que había persivido a 50 metros, toda la ilución se desbanece

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