Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra

4 jun 2015

La risa duele

La risa duele
                   por Eric Isaac Galván Lara

La risa duele, créeme, la risa duele mucho. Aún recuerdo cuando a los seis años de edad la mayoría de lo que acontecía en mi vida eran risas y juegos, sin preocupaciones más allá de si ya termine la tarea para salir a jugar, de si ya llego la hora de mi programa favorito. Todo es tan fácil cuando se es niño.

Por ello digo, la risa duele. No en el momento. Duele con el tiempo, con los días como hoy en que me siento frente al ordenador y comienzo a recordar. Y es que díganme, ¿Cuántos de nosotros no nos paramos un momento en nuestras vidas a pensar sobre lo felices que éramos cuando pequeños? ¡Y ni siquiera lo sabíamos! Ya sea porque tuvimos un mal día en el trabajo, porque nuestra vida en el amor apesta o, simplemente, porque nos aburre nuestra vida de hoy.

La niñez nos marca a todos. Somos lo que sea  que somos hoy por nuestra niñez.

Recuerdo, por ejemplo, la primera vez que visite la ciudad de México. Tendría seis años y era la primera vez que visitaba esa gran urbe. No es necesario ni decir lo fascinado que estaba; para un niño siempre es increíble conocer. Pero nada me fascinó tanto como la música que escuchaba por las calles, una tan distinta de la otra.

Pero de entre todas ellas la que llamo mi atención fue una balada, con una voz grave pero reconfortante. Era “el Rey” Elvis Presley, lo reconocí gracias a que mi padre me había mostrado vinilos de él, pero esa canción me era completamente nueva “Wise men say only fools rush in, but I can’t help falling in love with you…”.

Era simplemente increíble, una simple frase que quedo marcada en mi mente. Sin duda “el rey” lo había hecho bien si aquel niño que poco sabía del amor se había conmovido de esa manera.

Incluso pensar en esa escena ahora, me hace sonreír. Y sonreír duele. Duele, no por lo que representa, sino por lo que deja fuera. Y es que si vemos atrás, cada vez que pensamos en los momentos durante los que hemos reído es inevitable preguntarnos, también, si algo así se repetirá de nuevo.

Pero no hay que perder de vista que la risa (la felicidad en si misma) sucede bajo ciertas circunstancias. Los científicos lo explican con un simple proceso químico. Nada más.

Solo un proceso basado en la liberación de un enzima llamada serotonina, cuyos niveles en nuestro sistema regulan nuestro estado de ánimo. “Sentirse bien” es el resultado de que la serotonina haga bien su trabajo.

Incluso recomiendan alimentos como el plátano y las almendras para aumentar los niveles de serotonina en nuestro cuerpo.

Como si las cosas fueran tan fáciles.

Incluso un psicólogo de Princeton, Barry Jacobs, se opone a esta idea (“la producción de serotonina está directamente relacionada a los procesos mentales de la persona”).

Uno no puede pasarse la vida riendo, pero tampoco llorando. Y para mí, la música y especialmente el blues ha sido mi regulador.

El blues nació para ser lamento, por ello no todas las cosas se pueden cantar en un blues. Es el lamento de la vida. Un grito de dolor surgido en el Mississippi. Y como  grito de dolor llego a mí.

Recuerdo que mi tío Fabián fue el que me acerco al blues. Él era un hombre entrando a sus treintas, divorciado, con una niña de tres años de edad y hasta el cuello de deudas. Ante estas circunstancias, cualquiera podría esperar a alguien decepcionado de la vida. Pero no de él.

Era común verlo sonriendo, no te contestaba de mala manera y era muy amable Aunque con ver sus ojeras te podías dar cuenta de que tan mal lo pasaba. Y adivinen que escuchaba. Si, escuchaba blues.

B.B. King decía que la “música es vida: lo pasado, lo que hacemos y lo que seremos”.  Y con mi tío Fabián me quedaba claro. Su afición por el blues era un canto a su vida. Siempre penando pero buscando un futuro mejor. Salir de su cuenca de Mississippi.

Mi tío se convirtió en mi héroe y el blues en mi voz. Y esa misma voz del blues es la que me hace hablar hoy y escribir una y otra vez:



“La risa duele. Duele no por reír, sino por lo que queda al terminar. Pero duele más el no penar y no conocer el trago áspero y reconfortante que deja un blues al sonar”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario