Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra
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25 feb 2016

Patria mía

                                                        Por: Alexis Guerrero Lomelí


Prefiero.
Prefiero enloquecer temprano que la muerte al sol me quema
al verde campo que enrojece en la melodía de tus ojos.

Prefiero hoy amanecer despierto a dormir a tu lado,
al alma que dejé de acariciar
en el cielo en que no volví a estar.

Prefiero matar las palabras que no se dicen
a ahogarme en las putas que se venden en la calle de la agonía.

Prefiero que vueles lejos águila cautiva,
herida por las espinas de tu pueblo,
en el veneno corrupto que vende tu carne a las estrellas.
Pero despierta tierra seca, despierta,
el oasis de tu busto se marchitó en el parto de tus hijos bastardos.

Prefiero pie descalzo,
arena rota que vacías el llanto y lo vuelves silencio
a quererte isla lejana,
valle y manantial que no eres.

Prefiero patria, aunque te deteste,
que no es verdad que en tu grito hay guerra
ni mexicanos
ni madre que por ti desangre.

Prefiero noche que no se sabe
a saber el día en que me dejas ciego,
cautivo y llano.

Prefiero Buendía,
caballero y gitano,
memoria perdida
rugido sonoro.

Prefiero preferir a morir sin conocer nada,
a no conocerte nunca y vivir en ti como el que come tu fruto y tala tu tronco.

Es que prefiero letra roja, sangrienta en la boca,
vacía y hambrienta,
a un puñado de cerdos que tragan mierda y cagan lo mismo,
y dicen
y hablan
y rezan.

Prefiero silencio, oscuro desierto,
delirio y Quijote,
molinos de viento.

Prefiero negra tu boca,
poesía incauta,
que hiere y profana,
que olvida y mata.

Prefiero trueno impotente,
que quema y mancha,
enorme torrente.
Ondea bandera marchita,
espada en tu vientre.

Prefiero caminante sin rumbo,
pasión sin freno,
caricias sin deseo.

Te prefiero a ti y no prefiero nada,

quizá porque detesto todo y no detesto nada.

10 dic 2015

Caricias de vapor

                                                      Por: Alexis Guerrero Lomelí

La luz de la noche rasgaba mi espalda, como sus dedos ardientes marcaban mi piel. El aire nos era robado por el desenfreno de nuestros muslos ahogados en las sabanas y las gotas de sudor empapaban en miel cada poro agitado, que ahora se abría como flor al sol.


Mire sus ojos por entre las olas de vapor que exudaban nuestros cuerpos, preparados así a la explosión más sublime: la suya contra la mía en el fuego interminable que nos unía. Y en el cristal de su reflejo, pude verme temblando, tiritando ante el verbo que ahora recorría mi piel: traición, había consumada el amor de otro.

Medium white

                                                     Por: Alexis Guerrero Lomelí

Entonces llegó. Llegó casi sin avisar a pesar de que ya lo esperábamos, el día más importante de tu vida. Naces, creces y casi sin que te lo digan sabes que llegará, a algunos no les toca o quizá solo no lo reconocen, pero yo lo acepté, lo acepté a él aun cuando estuviera titubeante al espejo viéndome así, es la sensación más escalofriante, podía sentir cada vello de mi piel, el sol que acaricio mi espalda desnuda, avanzaba y tomaba forma en mi cara, retrayendo mi pupila.

¿Cómo encontré aquí? En un instante mi vida cambiaría y yo aquí viéndome a detalle, volviendo en un flash back y abstrayéndome a un Flash forward que solo marea mi mente. Y es que todo lo ya conocido, se vuelve nuevo y desconoces su piel, como desconoces la tuya. Quizá el día no podría estar más blanco ya, no más que yo.

El crujir de la torre más alta, en un estrepitante canto sonoro, era la señal. El tiempo podía volver a su curso y desvanecerse ante mis ojos, como siempre lo había hecho. Aquella primera vez que le vi fue diferente, el sordo ruido de mi voz ahogada, salía en fragmentos ante sus preguntas que maquillaban mis mejillas en el rojo más vivo.

Ya era hora. La sangre que inunda mi cuerpo se a galopaba en mis piernas con fuerza, al paso veloz con que corría casi podía ver al destino sonriente, irónico, acompañando mis zancadas largas por la inmensidad de esas escaleras. Nunca antes había corrido así, quizá le ame de verdad, pero en ese instante no había más mariposas en mi estómago que me hicieran vibrar, quizás las vomite de nervios o tal vez solo se escondían en el inmenso manto que ondeaba en espalda.


Subí la mirada un poco más lento en el último escalón. Pero la iglesia callada y llena de flores, se encontraba vacía de su ausencia. Mi mirada perpleja dejo escapar un poco de alivio acompañado en llanto. La novia al altar, sola.

Tiempos transcurridos

                                                  Por: Alexis Guerrero Lomelí

Había salido con 6 minutos de retraso hacia el metro. Pero no había nada que pudiera impedir a esos Nike azules y su trote veloz llegar a tiempo antes que la línea saliera. El regordete policía, escoltaba ya, a la última persona a bordo del transporte.

Al cabo de unos pasos más y una zancada más larga, estaba dentro. Lo había logrado. Bocanada a bocanada recuperaba el aliento que le había entregado al camino, que pronto desaparecía tras esa puerta cerrada y la velocidad con que avanzaba el vagón.

Con música alta en sus oídos, estremecía centímetro a centímetro sus piernas delgadas y las hacía tiritar en son de compases. Había olvidado el lugar en el que estaba y se profundizo en el intrínseco campo deshabitado de su mente. Algo le hizo volver y dio una rondada al vagón con la mirada para ver que nadie se había transmutado como él, ni aquella señora anciana que se aferraba a su bastón con las dos manos. Al fondo del vagón un sujeto leía un libro: “Tiempos Transcurridos” tenía la portada. Sus ojos navegaron en el ancho vagón, mientras su mente se hundía en el mar de ese título.

Un verde muy chillón se alzaba por sobre todos al otro lado de la ventanilla, con la ceja arqueada y una reacción expectante detuvo el divagar de aquel chico. Era el encuentro de la manecilla de hora con el segundero, que se tocaban tan frágil y rápido dando vida a la oportuna pasión que hay en ese roce.

El filo de la espada se había blandido. Una danza en el viento. Nadie parecía ceder en ese intenso toque de miradas y aun que delicados los suyos, destellaban firmeza como hojas en primavera agitadas por el viento. Silencioso fue el rubor que se hizo presente, uno de los dos perdía el duelo y bajaba la mirada en paz.

El altavoz enunciando la estación aparecía tan inoportuno que degolló el momento de forma abrupta. Ambas miradas de pronto tímidas, analizaban el espacio buscando un hueco que ocultara el cálido efecto de ese duelo.

Tras una puerta cerrada. En ella se asomaba cautiva una mirada por la rabilla del ojo, que le iba encontrando despacio al mismo tiempo en que él, aunque torpe, miraba con más brusquedad haciendo notar sus pómulos rojos.

El juego volvía a reanudarse lento con caricias aún más sutiles que se iban volviendo besos, sin que ambos pudieran tocarse. Una y otra vez tras las estaciones, se pronunciaban las miradas más sagaces y brillantes en sus ojos.

Pero el segundero estaba a punto de terminar su roce de pasión. El tiempo deforme ya se había detenido mucho ante ellos y una parada más, debía ser la definitiva. El corazón le iba a mil por hora, casi a la misma velocidad con que avanzaba el metro.


Un sonido más fuerte se presentaba. Las puertas abiertas eran su oportunidad. Un movimiento que se extendía desde sus muslos lo impulso para salir tras un titubeo que casi le arrancaba la vida. Exaltado por salir y tomarla, miro atrás, pero ya no encontró nada. Había desaparecido.

8 oct 2015

Dance with me tonight

                                                      Por: Alexis Guerrero Lomelí

Había dejado escapar en el aroma crujiente de su café rizado, una mirada tan lejana como la luna en la que alguna vez habite. Dejando varados mis zapatos junto a los suyos, me zambullí en la piel húmeda de su recuerdo. Mientras tenues y frágiles huellas, quedaban marcadas en el pasto que cubría mi cara, al dejarme caer en el espacio deshabitado de su verde intenso.

De una a otra constelación había recogido cada fragmento disperso de sus labios de sal y espuma, esos que golpeteaban al son de la música lunar. Uno, dos, tres… marcados con tinta al sonido espeso que baila la muerte.

Cinco, seis, siete desde los pies podía escuchar aquella imagen ya amarillenta de su alma cristalina. Giraba. Se agitaba. Un torbellino cada vez más negro en esa tasa blanca.

No dormir. No, dormir en sus cabellos, en sus muslos agitándose, estremecidos por mi presencia infractora del lúgubre placer de su secreto. Las gotas que navegan desde su vientre, naufragan en el triángulo de su venus.

Agítate, agítala, quiébrate en mil trozos y mil trozos más que escritos como notas, salen de tu boca antes de que se apague la noche. La mía y la tuya.

Pintados los vidrios del cielo quedaron, en el dulce aliento que quemo mi vista ensordeciendo mi lengua, cansada de escalar colinas, valles, conquistando montes que cubren la mirada, ahora me despido fugaz en el viento.

Deprisa, sale cansado, al alba sin rumbo va. Dejando manchas de cuerdas y vacíos, derramando mi cuerpo en la sombra del cuerpo suyo con quien pude bailar.


Escapar hoy para no verte mañana que en el último trago, sienta mis dedos el adiós de tu calor.

2 jun 2015

Monologo de Sofá


Por: Alexis Guerrero Lomelí


La mujer entra al espacio oscuro con paso marcado y el maquillaje corrido. Es Sofía una mujer tradicional, y emprendedora. Toma asiento en el sillón rojo.

Se enciende la luz de la lámpara de pie.

Incomoda se mueve de un lado a otro en el sofá y dice insistente.


Perdón, perdón (mientras se sienta). ¿Así está bien? ¿Eh? ¿Qué cómo me llamo? Sofía. ¿Que si estoy casada? Sí, claro y la más feliz. Gracias sí, es un muy bonito anillo. Es un diamante de estrella azul. Ajá, me lo dio en nuestra boda (ciñe la frente). En ésa en la que me fastidió tanto su madre. Vieja presuntuosa “estas muy flaca”, “estás muy alta”, “Pues Debra no era tan pálida” como si la piruja esa pudiera usar mi vestido sin parecer puta. ¡Ah! Pero él a su mamá nunca le decía nada. Ese panzón nunca fue capaz de defender a su mujer que tanto le espero en la noche. Cuando él llegaba pasadas las doce, o que todavía le ayudaba a quitarse los pantalones. (Saca un cigarro de la cajetilla) ¡No, Nunca! (enciende el cigarro). Perdone. ¡Ya no lo aguanto! Pero, ¿cómo pude perder mi vida a su lado? Literal. Noche tras noche, aguantando su fatídico peso sobre mí y que ni una vez pudo ser el romántico que una siempre sueña (divaga) o el seductor, que después de la noche en un bar te habla al oído y te invita a quedarte más allá de sólo sus sabanas. (Se enoja) Él solo copulaba como morsa fatigada, que al terminársele el aire, se giraba y a dormir. ¿Perdón? ¡Sí! Yo lloraba. Claro a la chacha se lo hacían mejor en la novela. (Piensa) Recuerdo aquella primera... (Fuma y se interrumpe). De noche de bodas alquilamos una cabaña muy cerca de la playa, en Orange. Sí, justo como en la serie, donde Ryan se escapa con Marissa y conocen el amor (suspira). Sí muy bonito. Pero, en vez de Ryan, yo tenía al panzón y en vez de amor soló unas botellas de güisqui. Claro, yo era joven y estúpida… más estúpida que joven. (Da una profunda bocanada al cigarro). Y eso que mi profesor me había dicho que el círculo es la forma más agradable y que por eso los gorditos siempre caen tan bien. Pero éste, en lo único en lo que caía era en la botella. Y al día siguiente, los cuervos volando acaparando el chisme: “¿qué tal estuvo su luna de miel?”, “¿lo hicieron en la playa?”. Mustias argüenderas, con si me acordara. Porque luego de la segunda botella, ya no recuerdo nada. Para el caso es lo mismo. Porque sus escenitas de borracho, se repitieron toda la vida. Y claro, la pendeja allí era yo. Bien me decía mi madre: “búscatelo que aun que este feo te quiera mucho”. Pero este ni guapo y ni me quería. Y encima de todo, estúpido hasta para ocultar que se seguía metiendo con la tal Debra. (Baja la mirada). El mundo se me iba a la basura y cuando me di cuenta, todo el cuello manchado de labial y él dormido sin ninguna preocupación. El amor es ciego. ¡Sí! Pero, éste hasta tenía aire en la cabeza. ¿Qué hace una mujer a la que le han roto el corazón de esa manera tan mezquina? ¿Morir de amor? Quitarme la vida, ser olvidada por ese cabrón. ¡Si! intente suicidarme (apaga triste el cigarro). Pero, la condenada televisión con que me tiré a la bañera era de pilas. Así que lo único que logré matar fue la novela de las 3 en la tina. Y del método de las pastillas… nada ¡Sí! Nada… yo que iba a saber que eran las verdes, en vez de eso me tome las amarillas que sólo me lavaron el estómago, con esa fregada diarrea de tres días. Ni la amenaza que le metí, soló para que él mejor se pusiera a ver el fut. ¡Ah! Pero, de cortarme las venas jamás. Bueno… es que le tengo miedo a las navajas. ¡Sí! Ya sabe, te cortas tantito y sientes como si te hubieran amputado el brazo. Yo por eso para la cocina nada, el gordo es quien prepara la comida. Y no vaya a creer usted que soy una floja, ¡no señor!, en los dos meses que estuvimos juntos, jamás le faltaron las pilas al control, ¡no! Yo siempre las probé para él. ¿Eh? ¡Si señor!, dos meses ¿Qué cómo terminé aquí, entonces? Bueno en primer lugar ni sé dónde es aquí, pero le cuento. (Cruza la pierna) Pues mire, anoche el ingrato volvió a llegar tarde, y aparte de todo, queriendo que yo cumpliera con mis deberes maritales, oiga usted a ese patán. ¡Sí! Así, ebrio. Yo me negué, por supuesto que él tiene más fuerza. Me tomo del brazo, me tiro a la cama, y entre tanto pataleo, lo único que conseguí fue rodar fuera de la cama. El muy ingrato, se golpeó en la cabeza aplastándome a mí. No, no me lo pude quitar. ¡Pues si! Él pesa más que yo. Y sí, lo quería. Ya ve dónde estamos ¡¿verdad panzón?! Que no bastándote con morirte solo, también tenías que llevarme a mí.

Se apaga la lámpara y se cierra el telón.

6 abr 2015

Una tarde y no eras mía

                                                  Por: Alexis Guerrero Lomelí
Desperté como nació el día aquella primavera agitada.

Su cabello rizado que cubría mi cara, acariciaba su espalda tibia y suave.

Deslice mi perfume por sus caderas; hasta encontrar el húmedo delirio bajo sus sábanas blancas. Ardor que me hizo contemplarla… desearla.

Era mía, tan mía como las estrellas a la noche y aun así no podía tenerla.

En mi rojo más intenso encontré su mirada, caricia a caricia me desvestía a sus labios, cada vida se me iba y ni siquiera podía besarla.

Con la tarde dos copas de vino. Un París en pos del amor, una Eiffel incendiada por el sol, una carta y una flor.

De su aliento, mi último aliento la despedía; la tinta que derramaba era ya mi agonía, pues clavada a su pecho ya me tenía.

Morí. Amor morí, en tus venas descubiertas, en el escarlata de tu sangre, derramado en llanto sobre mí.
Morí así, en el pétalo que me quedaba.


Con letras la deje y con espinas la hice mía.
Era Tarde y me basto para quedarme en su balcón... convertido en una flor.

20 mar 2015

Carta te escribo

Por: Alexis Guerrero Lomelí


A ti Julieta: barco pequeño, navegante en el mar. Que tus olas mi amor, golpearon mi costa dejando tu sal.

Elegante dulzura. Brisa de primavera, anclaste profunda mi piel de arena a tus pies descalzos.

Quedada pues a mí puerto desierto y de cierto te digo que en la noche más bella… tuya será mi luna doncella morena.

Cabello al alba, risada sensación en mi alma. Eres embriagador néctar, génesis que se desborda y me enloquece. En tu sabor el perfecto delirio.

Que sean en ti; mis manos a la marea, fugaz resoplo que acaricia tu cordillera.

Corazón tuyo vida mía, si no te tuviera ya, yo moriría.

Canto Julieta, amor a tu ventana, que como el sol por la mañana, acaricio tuya y mía… tu piel gitana.

Bésame noche fiel sirena, tu cantico es mío al ronroneo de la aurora, sella me ahora y para siempre, que sea yo de ti como el mar a la luna, que en una danza su amor proclaman.

Deseo mío, deseo tuyo, que seas eterna en mis sabanas como estrellas en el ocaso. Que nos roben el día y nos dejen la noche.

16 mar 2015

Tripulante eterno

Por: Alexis Guerrero Lomelí

Huyendo, gritando, cantado en la fe del ciego pobre hombre sin zapatos, me iba acostumbrando a su cabello largo y rizado.
Tripulante sin rumbo y sin velas, esperando surcar en nuevas aguas, beber de su río para así quedarme en ella, en lo hondo, lo profundo, lo inmenso, el vacío de su boca en el mío.
Siendo dos o tres, la ame, me amo, nos amamos y como moneda al azar nos separamos.

Y aunque lo eterno no es eterno, ni mi amor un recuerdo tengo mis razones para que me quieran.

13 mar 2015

Carta a Romeo


Por: Ivonne Fabila García


¿Cómo hablar de amor al romántico?

Cómo confesar un sentimiento que vive en ambos, pero el mío es tuyo y el tuyo no es mío.  Cómo expresar lo que se esconde,  al que no haces más que mirarse en los ojos de su amada; al que en un acto de amor eterno daría su vida si ella no estuviese para tomar su mano.

Sí, yo soy quien hasta ahora tan solo había mirado, en silencio, egoísta de aquella a quien todos llaman Julieta, celosa del amor que le profesas, envidiosa de tus visitas bajo el balcón, codiciosa de tus besos.

¿Seré capaz de lograr que algún día tus labios deseen los míos? ¿Seré yo con quien compartas tu amor?

¿Será que al confesar mi amor, podrás siquiera pensar en dar una oportunidad a quien te ama en vida, en sueños, en todo momento y cada pensamiento?

Su familia, de quien tanto odio has recibido no te aceptara jamás. Y ella ¿realmente te ama? ¿No será un truco, una venganza? Ella te enamora y luego te desarma. Deja aquello en el olvido y acepta tu nuevo destino.

Hasta pronto amor mío. 

La cama


Por: Ivonne Fabila García


Recuerdo inolvidable del cálido lecho que sostuvo mi cuerpo.
Luz de sutil candor que iluminas la habitación antes del sueño reparador.
Sábanas blancas, almohadas blancas y cortinas blancas que cual flotantes nubes trasladan a un nuevo mundo.
Un mundo de sueños, de fantasías e incluso de pesadillas.
¿A dónde me llevaras esta noche, oh dulce cama?

Creo


Por: Ivonne Fabila García

En un mundo desolador,
donde reina la soledad y la traición;
creo en el amor.
El amor puro, el amor inocente
el que nace en la mirada y crece en la sonrisa,
el que olvida el ego y deja atrás el egoísmo.
Creo en el amor,
el que se da uno a uno,
pero aún más, creo en el amor propio.
El que tantas veces hemos perdido,
el que nadie te da,
el que sólo tú puedes recupera.
Creo en el amor,
en el que nace del corazón.

12 mar 2015

Simplemente porque soy

Por: Ivonne Fabila García



Soy porque quiero ser.
Soy por que disfruto ser.
Porque soy, porque voy, porque estoy.
Porque no soy, porque no voy, porque no estoy.
Soy, porque soy amor y soy viento.
Soy, porque soy pasión y soy sentimiento.
Hoy siento alegría, simplemente porque soy.
Hoy siento, hoy quiero, hoy voy aenaltecer “el ser”, simplemente porque soy.

Añorada


Por: Ivonne Fabila García
imagenes

A ti, que con el paso del tiempo te has alejado, perdida en el cajón del olvido, guardada con astronautas, dinosaurios, súper héroes, doncellas, piratas, brujos y dragones.

Hoy te recuerdo, hoy te lamento, oh dulce fantasía ingrata, perdida en la añorada infancia.

Pasion

Por: Alexis Guerrero Lomelí

Creo.

Paisaje nocturno que contonea el silencio.

Llamas volcán rugiente, estruendo desde al vacío.

Despacio,

Los pasos de lodo desaparecen.

Quebrado.

                  Vuelven al polvo.

Arena cálida de primavera y en ella:

Su aliento

                  A la marea canta.

Reflejo infinito de su propio cielo.

En las nubes.

            caricia de la espuma blanca.

Al hielo el sol derrite

                                    Pierde.

                             se esfuma.

No hay vacío, árbol naciente.

De su rama una hoja y una flor brotaron.

                         Suave.

Tibia.

Eternidad en su luna se queda.

Junto a mí

El río de largos llantos y a la distancia

Vereda,


Me quedo su ausencia.

Se queda

Por: Alexis Guerrero Lomelí

Adiós que nos arranca y nos vuelve lejos.

Adiós que se queda y no hace presos.

Fue tu piel lo que me arranco el olvido.

                     Maldita distancia.

Ahora rompe el cielo, en el más lejos firmamento.

La espera se fue.

                                       Es partir.

Entonces el tiempo, renuente y figurativo.

Sorpresivo que al flote de la hoja va.

Se balancea y luego te acaricia. Te susurra al oído un recuerdo.

El bello recuerdo de viajar de nuevo.

                        De oler de nuevo.


De besar pero de nuevo y de nuevo estar sin estar, para no estar de nuevo.

5 mar 2015

Blanca espera

Por: Alexis Guerrero Lomelí


Suave espuma, intacta, sola, blanca.

En pliegues fondos largos cae, y me hace caer:

                                           En ella.

Duermo, en su silencio mi cobijo.

Sin manos me abraza me quiere a su lado y yo:

La despido y el sol la posee, la calienta, caricias que olvida,
me recuerda, le extraño, me busca… espera y me espera.

La anhelo pero no es mía. Solo ella y su deseo.

4 dic 2014

Rosso descalzo

Por: Alexis Guerrero Lomelí

Habían pasado seis meses ya, desde que partí de los bullicios y el poco espacio literario que me quedaba en Londres. Me dirigí al sur, en dirección a un pueblito llamado Canterbury. El lugar idóneo para escribir “dicen todos”, con sus calles adoquinadas, vistas excelsas, noches románticas y casas tan resguardadas del paso de los años, que sería perfecto estar allí: “al pie de una terraza, con sus lámparas alumbrando mi noche y un café amargo que reviva siempre mi pasión, en su aroma nocturno.” ─me dije para complacer mis ansias de escribir algo que llenara el paladar de algún lector, en suplicas por letras nuevas.

Jamás había salido antes de la ciudad y mis ojos eran espectadores de majestuosos paisajes por donde cubría la vista. El tren que me guiaba a paso veloz, fue cubriéndose de una nieve repentina, de la que no me entere.

Una señora muy amable se acercó a mí antes de que llegáramos a la estación. Me dio un abrigo y me dio la bienvenida en aquel extraño día de primavera, cubierta de blanco helado. Me vi tosco al balbucear mi llegada que se veía repleta por el arte aún con vida. Aquella postal que me habían regalado, se haría verídica en su arquitectura medieval, que se elevaba por sus majestuosas calles empedradas, lisas, ya renovadas por la inversión turística. Aunque mi hospedaje no era en la parte conurbada, sino en una casita muy lejos de allí: en un pueblito recóndito donde decidí estar; anhelaba que mi estancia fuera prolongada en esa urbe tan luminosa. Y me quede. Fui por chocolates y disfrute de la perfecta puesta de sol.

La oscuridad se hizo presente, a mi llegada a la casa de la señora Margot, quien me hospedaría por un tiempo. Muy amable me recibió y fui pronto ubicado en la habitación más alta de la casa, como yo pedí.
Cálida luz que pasando por mi venta acaricio mi día, me invito a explorar sus caminos, recorrer en su bosque la majestuosa vitalidad del campo.

No haciendo esperar más el bolígrafo, salí sin rumbo alguno, nada más guiado por el ahora fresco clina sureño que pareciera nunca haber tenido nieve. Fui “viajero sin rumbo, errante de paisajes con olor a canela.”

Caminando me encontré con un rio de paz inmediata, en su golpeteo el agua no tardo en salpicar mis pies. Vi cada verde que lo pintaba, desde las rocas hasta sus árboles que cubrían el cielo y apenas dejaban pasar los nacientes rayos de sol.

Sin ser pintor, quise serlo, me vi tentado a capturar cada trazo en mi libreta. Sentado en una roca me descalce y escribí.

Ríos caudalosos que la vieran nacer, correr agitando las aguas, agitándome a mí, estremeciéndome la vida con su virtud. Estela de luces que se desvanecen, se descomponen y hacen de mi vida la vida suya.

Mi soledad se vio acompañada por el movimiento de las ramas, que captaron mi atención en el rojo fugaz que me hizo mirarla. Había en sus pasos un color nórdico, muy lejano a ese lugar. Con sus pecas iluminando su rostro que ya estaba encendido en el rojizo de su cabello, y el verde pregnante de sus ojos que nunca me vieron, no se perdieron como yo en los suyos. Se movía, se contoneaba, bailaba al rechinar creciente del roble.

“Fui presa de las pinceladas afiladas que marcaban su figura. Paisaje natural de sus blancas manos acariciando el agua. Acechado por el deseo de su belleza, quedo pausado el palpitar de mis latidos, ya sumergidos en su rostro, en sus labios.”

Una vez hechizado surgió su ausencia. Pero me basto. “escritor de versos. Poeta enamorado. Escultor de musas, luz brillante que por mi jardín paso.”

El tiempo sin piedad paso por mi piel, por mis cabellos que se volvieron canas. “Envejecí en la espera de sus pies mojados, que en la ventana de mis ojos ya cansados, dejo su recuerdo, su sutil contorno.

¿Que hacen las olas, sin luna qué contonee sus aguas? Espuma que al paso se rompe, y en la arena se queda.

No hubo mañana que a la orilla del rio se alejara su de mis textos, caricias verbales pronunciadas a su hermosura. Sentado espere por última vez su rojo apasionado. Anhelándola, vi escapar de mis manos y mi cuerpo el calor de la mañana, como la tierra seca en el desierto implora el rocío, así yo, perdido en su color sin mayor deseo que el de escribirla.


Musa cautiva, reflejo de las lágrimas que me arranco tu partida.” Así fue su presencia, fugaz, tan repentina. Ella se fue pero yo me quede varado, descalzo en la misma roca.