Es una ventana por la cual descubrimos la posibilidad de nuevos mundos narrativos. Son escrituras que experimentan con emociones figuradas desde el relato.

Taller de expresión escrita. Facilitadora: Margarita Díaz de León Ibarra
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16 nov 2016

"Historias de Cronopios y de Famas", Julio Cortázar: El sin sentido común


por Claudia Antunes

Julio Cortázar
Historias de Cronopios y de Famas
México
Editorial Alfaguara
2013
150 páginas




¿Pues quién diría jamás como era,
qué pensaba, cómo vivió?
Toda biografía es un sistema de conjeturas;
toda estimación critica, una apuesta contra el tiempo.
Los sistemas son sustituibles y las apuestas suelen perderse.
Edgar Allan Poe

Julio Florencio Cortázar, hijo de padres argentinos, nació en Bruselas, Bélgica, el 26 de agosto de 1914 mientras las tropas alemanas invadían las calles en los comienzos de la Primera Guerra Mundial. Su familia regresó a Argentina en 1918, donde Julio pasó el resto de su infancia. Según el propio escritor, su infancia fue brumosa y con un sentido del tiempo y del espacio diferente al de los demás. A sus seis años, su padre abandonó a la familia, y no volvieron a tener contacto con él. Julio fue un niño enfermizo y pasó mucho tiempo en cama, por lo que la lectura fue su gran compañera. A los nueve años ya había leído a Julio Verne, Victor Hugo y Edgar Allan Poe.
También fue un escritor precoz, a los diez años ya había escrito una pequeña novela —afortunadamente perdida, según el propio autor— e incluso antes algunos cuentos y sonetos. Dada la calidad de sus escritos, su familia, incluida su madre, dudó de la veracidad de su autoría, lo que generó una gran pesadumbre en Cortázar. Muchos de sus cuentos son autobiográficos y relatan hechos de su infancia, como Bestiario, Final del juego, Los venenos, La señorita Cora, entre otros.
Fue profesor de nivel primario, secundario y universitario durante 6 años. En 1951, antes de que Perón ganara las elecciones, emigró a París, Francia a causa de sus diferencias con el peronismo. Entre otras cosas, se desempeñó como traductor independiente de la UNESCO, donde trabajó con Mario Vargas Llosa y con Aurora Bernárdez quien sería su primera esposa.
Maestro indiscutible del relato corto y del género fantástico, forma parte del boom latinoamericano junto con Vargas Llosa, García Márquez y Carlos Fuentes. En toda su obra abundan las referencias a sus gustos personales como el jazz, la música clásica, la fotografía y las artes plásticas. En 1963 revolucionó el mundo de la novela con Rayuela, obra cumbre de su carrera.
A finales de los 60 formó pareja con Lituana Ugné Karvelis, quien fue de gran influencia en su interés por la política. Destinó las ganancias por derechos de autor del Libro de Manuel a la ayuda de presos políticos por la dictadura militar argentina. En 1981 se casó con la escritora y fotógrafa canadiense, Carol Dunlop, con quien realizó durante 33 días un viaje por la autopista París-Marsella, lo que dio origen al libro Los Autonautas de la Cosmopista. Carol murió en 1982, sumiendo a Cortázar en una profunda depresión. Durante 1983, tras el retorno de la democracia, visitó Argentina por última vez. Falleció el 12 de febrero de 1984 en París a causa de una leucemia.
Mi realidad es una realidad donde lo fantástico y lo real se entrecruzan cotidianamente. Julio Cortázar


Cuando los zapatos aprietan, buena señal.
Algo cambia ahí, algo que nos muestra,
que sordamente nos pone, nos plantea.
Julio Cortázar

Historias de Cronopios y de Famas, publicado por primera vez en 1962 por la editorial Minotauro de Buenos Aires, es una recopilación de sesenta y cuatro relatos fantásticos repletos de sarcasmo e ironía que esconden entre líneas reflexiones profundas.

La trama son cuentos con los que se pueden apreciar diferentes momentos de la vida, reflexiones y críticas algo escondidas. Los cronopios, término y personaje inventado por Cortázar, son seres verdes y húmedos, idealistas, sensibles, desordenados e ingenuos, al contrario de los famas, otros seres imaginados por el escritor, que son pretenciosos, exitosos y formales.


Es tarde, pero menos tarde para mí que para los famas, para los famas es cinco minutos más tarde, llegarán a sus casas más tarde, se acostarán más tarde. Yo tengo un reloj con menos vida, menos casa y menos acostarme, yo soy un cronopio desdichado y húmedo.

El libro se divide en cuatro partes: Manual de instrucciones, donde se explican detalladamente los pasos a seguir para ciertos hábitos cotidianos como llorar, cantar, subir una escalera, entender pinturas famosas, darle cuerda al reloj, entre otras.
Después vienen las Ocupaciones raras retrata la manera de ser y actuar de una familia, con temas como los correos y telecomunicaciones, pérdida y recuperación de pelo, conducta en los velorios, por mencionar algunas.

Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada.
Tenemos un defecto: nos falta originalidad.

La tercera parte es Material plástico donde se plasma lo fantástico como inagotable incluyendo títulos como posibilidades de la abstracción, el diario a diario, fin del mundo del fin, esbozo de un sueño, progreso y retroceso, propiedades de un sillón, plan para un poema, aplastamiento de las gotas, las líneas de la mano, y otros más igual de curiosos y ocurrentes.
Por último se encuentra el apartado de Historias de cronopios y de famas, el cual se divide a su vez en dos partes, aquí se narran diversas situaciones o acciones que llevan a cabo los cronopios y los famas que determinan su manera de vivir, por ejemplo sus costumbres, alegrías y tristezas, la manera en la que viajan, cómo conservan sus recuerdos, etc. También habla de las esperanzas, personajes intermedios que están a mitad de camino, influenciados por los cronopios y los famas, sin iniciativa propia, pueden llegar a ser aburridos e ignorantes.

Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a ver porque ellas no se molestan.

"Cortázar de la A a la Z"


El libro está narrado en tercera persona con un lenguaje sencillo y claro, donde las situaciones más cotidianas son relatadas de una manera tan absurdamente detallada que se vuelven fantásticas.
Con una forma de narrar poética Cortázar sorprende gratamente en estos cuentos un tanto paradójicos y extraños a pesar de relatar hábitos comunes y cotidianos, momentos y situaciones por las que hemos pasado o fácilmente podríamos pasar. La lectura provoca una sonrisa al identificarse con lo absurdo de algunas acciones rutinarias, después obliga a una reflexión profunda acerca de conductas tan simples sobre las que no se había pensado de esta forma antes.
Una característica de Cortázar es que sitúa al lector en una posición activa, lo vuelve cómplice de la experiencia, lo invita a un juego de admirable originalidad en donde plasma la cotidianeidad desde una perspectiva surrealista, fantástica, que penetra de una manera particular en la psicología del lector.
Este libro es una propuesta a la reflexión, al atrevimiento de mirar las cosas desde otro punto de vista, a no dar nada por hecho, a voltear a ver hacia uno mismo. Con estas narraciones insólitas, absurdas y ocurrentes, el autor irrumpe en el lector para desarticular esa visión convencional en la que está instalado, lo provoca para que deje a un lado la conformidad y trate de escapar de ese mundo exterior al que está terriblemente acostumbrado.

Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria.

Creo que Historia de Cronopios y de Famas es un libro imprescindible donde el juego, el azar y la magia le dan un nuevo sentido a la vida; una introducción privilegiada al mundo inagotable de uno de los más grandes escritores y un antídoto contra la rutina y el sentido común.



Bibliografía:




15 nov 2016

“El Aleph”, Jorge Luis Borges: El Inconcebible Universo


por Claudia Antunes

Jorge Luis Borges
El Aleph
España
ALIANZA EDITORIAL
2003
208 páginas



Siempre imaginé que el Paraíso sería
 algún tipo de biblioteca.
Borges


Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires. Desde los 6 años supo que quería escribir. Tímido y retraído pasó gran parte de su infancia en la biblioteca de su padre. A muy temprana edad comenzó a escribir, tradujo varias obras, entre ellas “El Príncipe Feliz” de Oscar Wilde y publicó sus poemas en varias revistas y diarios ultraístas de su época.

En 1914 viajó con su familia a Europa y cuando estalló la guerra se instalaron en Ginebra, donde estudió el bachillerato. Vivió una breve temporada en España y en 1921 regresó a Argentina.

En la década de 1930 comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego en los años 50. A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional y más tarde fue nombrado director. Conoció a Adolfo Bioy Casares, con quién publicó en 1940 “Antología de la Literatura Fantástica”.

A partir de 1955 fue profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Durante esos años, fue abandonando la poesía en favor de los relatos breves por los que ha pasado a la historia. Aunque es más conocido por sus cuentos, se inició en la escritura con ensayos filosóficos y literarios, algunos de los cuales se encuentran reunidos en “Inquisiciones”.

En ese mismo año fue nombrado académico de su país y en 1960 su obra era valorada universalmente como una de las más originales de América Latina. En 1961 compartió el Premio Fomentor con Samuel Beckett, y en 1980 el Cervantes con Gerardo Diego. Varias veces fue propuesto para el Premio Nobel, pero se le negó injustamente por razones políticas.

Borges fue un gran lector, generó polémicas, discutió sobre política y literatura. Su obra es considerada fundamental en la historia de la literatura del mundo; en ella creó un universo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.




El hecho me dolió, pues comprendí
que el incesante y vasto universo
ya se apartaba de ella y que ese cambio
era el primero de una serie infinita.

El Aleph es un cuento publicado en la revista Sur en 1945 en el libro con el mismo nombre, El Aleph, en 1949. En este cuento, Borges se usa a sí mismo como personaje, se distorsiona un poco para la ficción, pero a la vez muestra muchos aspectos de su personalidad.
Relata sus visitas a la casa de Beatriz Viterbo, mujer de quien sigue enamorado aún tras su muerte; el tiempo no se detiene y el universo en que ella existía comienza a cambiar lentamente. En esa casa del barrio de Constitución ocurren encuentros, que se centran en discusiones literarias, con el primo hermano de Beatriz, Carlos Argentino Daneri, un hombre autoritario, pero también ineficaz que abunda en inservibles analogías y en ociosos escrúpulos.
Danieri llama preocupado a Borges porque van a demoler la casa y le cuenta que en el sótano, tras caerse por las escaleras, vió el Aleph y teme perderlo si demuelen la casa.


-¿El Aleph?
- Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos.

Borges, escéptico, pide ir a ver el Aleph y al quedarse a obscuras en el sótano lo ve. Es una pequeña esfera brillante donde cabe todo el cosmos, el espacio infinito se ve en ese punto. “Cada cosa era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo”, dice el protagonista.
La fantástica contemplación hace sentir a Borges infinita veneración e infinita lástima. Elige no hablar con Daneri sobre el tema y le sugiere que aproveche la demolición de la casa para alejarse definitivamente del Aleph.

Al salir de nuevo a la calle, le parecieron familiares todas las caras: “Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme”. Sin embargo, felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, volvió al olvido.

El cuento finaliza con una posdata donde el protagonista informa que la casa fue finalmente demolida en 1943 y que por ende el Aleph fue destruido.

Dibujo de M.C. Escher


La obra toma el nombre del símbolo del número alef que señala el tamaño de conjuntos infinitos y que para las doctrinas místicas del Cábala significa la multiplicidad infinita del universo. En esta primera letra del alfabeto hebreo, los místicos judíos vieron la raíz espiritual de todas las letras, una letra que las contiene a todas y por ende contiene todos los elementos del lenguaje humano. Según dicha tradición, la letra alef es un símbolo del universo y de la voluntad divina, ya que fue la única que los mortales escucharon de la voz de Dios.
El cuento está escrito con un lenguaje fácil de leer, la narración puede considerarse hasta cierto punto sencilla ya que es lineal, sin embargo la lectura es toda una experiencia visual y sin duda trascendental.

Está narrado en primera persona por un narrador protagonista cuyo apellido coincide con el del autor, lo que lo hace una puesta en abismo.  

El marco temporal es entre febrero de 1929, cuando murió Beatriz y marzo de 1943 cuando se demolió la casa.

Es un relato de carácter fantástico, ya que incluye lo sobrenatural, en este caso el Aleph, en lo cotidiano, el sótano de una casa.

“Arribo ahora al inefable centro de mi relato, empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo el lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph que mi temerosa memoria apenas abarca” dice Borges ante la imposibilidad de describir de forma completa lo que vio en el Aleph por medio de un instrumento tan limitado como el lenguaje humano; entonces acude a enumeraciones de aquello que vio, sugiriendo una sucesión infinita.

“(…) vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”
El Aleph es una obra maestra donde la magia y la inteligencia se funden provocando en el lector asombro, imaginación sin límites, maravilla. En este cuento, Borges concentra muchos de sus temas predilectos como los laberintos, la búsqueda del conocimiento, el azar, el peligro que encierra la curiosidad, el tiempo, el infinito. Es un relato que parte de una sencillez para ahondar en abismos narrativos sorprendentes.
Con El Aleph, Borges abre puertas que de alguna manera siempre han estado ahí, esperando, pero cerradas.

“El mundo es indiferente a nuestra muerte y sigue adelante sin nosotros, estar vivos sería entonces tener el privilegio de seguir siendo testigos del incesante universo.”



Bibliografía:






11 oct 2016

"Esperando a Godot", Samuel Beckett: Lo absurdo es inherente a la existencia

por Claudia Antunes

Samuel Beckett
Esperando a Godot
Argentina
Editorial Último Recurso
2006
88 páginas


http://biblio3.url.edu.gt/Libros/joyce/Godot.pdf


"Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia,
es más bien, condición de ella”
Nietzche


Samuel Barclay Beckett, dramaturgo, novelista y poeta irlandés, nació en 1906 en el seno de una familia acauladada protestante de Dublín. A los 22 años conoció a James Joyce, encuentro fundamental en su vida.  


Durante la II Guerra Mundial, Beckett participó en la resistencia francesa trabajando en un grupo que descifraba y recodificaba mensajes secretos.


En 1948 se embarcó en la escritura de Esperando a Godot, que le llevó un año. La obra fue publicada en 1952 y estrenada en 1953. Pese a recibir malas críticas en su estreno, esta obra lo llevó a la cumbre y es una de las más representadas del siglo XX. En 1969 recibió el Premio Nobel, el cual consideró “una catástrofe” ya que nunca le había interesado ese tipo de gloria.


En su vida amorosa hubo varias mujeres pero solo vivió y se casó con una: Suzanne Déchevaux-Dumesnilusan, quien era 6 años mayor que él. “Ella me convirtió en un hombre”, dijo Beckett, “ella me salvó”. Se dice que muchos de los diálogos absurdos de sus obras teatrales son casi una copia de las conversaciones con su mujer.

Entre sus obras, escritas tanto en inglés como en francés, destaca la trilogía Molloy, Malone muere y El innombrable.


Samuel Beckett se caracterizó por su temperamento pesimista pero también por su profunda ironía, su sentido del humor y su rebeldía ante los designios del destino. Durante toda su vida buscó expresar en sus obras el dilema de existir en un mundo sin sentido. Murió en 1989 en París.

"No lamento nada, lo único que me fastidia es haber nacido porque morir, siempre me ha parecido, es un asunto largo y tedioso" Samuel Beckett



Nora Barnacle, Joyce y Beckett en Londres (1931)



Esperando a Godot es una obra dramática, con un humor inocentemente cruel, dividida en dos actos con una acción circular tan simple como traumática: en el primer acto, dos vagabundos, Vladimir y Estragón, esperan al lado de un árbol a Godot entre monólogos de conversación, diálogos desgarradores, discusiones, aburrimiento, cansancio, soledad compartida, desesperación, indiferencia, violencia, las visitas de Pozzo, un hombre cruel pero lírico y su esclavo Lucky a quien controla por medio de una cuerda, y la de un muchacho que les anuncia los plantones de Godot.
En el segundo acto las acciones se repiten, pero cuando Pozzo y Lucky vuelven a llegar, Pozzo se ha vuelto ciego y Lucky se ha quedado mudo. Al final de la obra siguen esperando entre la alternativa de un Godot que nunca llega y la posibilidad un suicidio que nunca se consuma, pero tampoco se descarta.





Los personajes, frágiles y poco definidos, manejados por un destino que les excede, viven una espera tan trágica que da risa, presos de una existencia monótona, perenne, en la que el cuerpo y el movimiento pueden llegar a expresar más que los diálogos truncados, incoherentes, ilógicos, sin sentido aparente. El propio Beckett calificó la obra de “horriblemente cómica”. La mínima acción de los personajes incrementa las sensaciones de angustia y tedio de una existencia humana absurda.


Estragón: No hagamos nada. Es lo más prudente.
Vladimir: Esperemos a ver qué nos dice.
Estragón: ¿Quién?
Vladimir: Godot.
Estragón: Claro.
Vladimir: Esperemos hasta estar seguros.


El lenguaje no es complicado, lo difícil es tratar de entender el sentido de la conversación entre los personajes, lo que puede llegar a desesperar al lector, que es precisamente el propósito del autor. Son los mismos diálogos y las acotaciones del autor, los que dan cuenta de la narración de la obra.


El título resume perfectamente la acción (o inacción) continua que ocurre a lo largo de toda la obra, los personajes no hacen más que estar esperando. Godot viene de la palabra francesa godillot que significa bota. Se dice que Godot puede hacer referencia a Dios (en inglés: God), sin embargo Beckett siempre lo negó. ¿Entonces quién es Godot?, al leer el título se piensa que dicho cuestionamiento se va a resolver a lo largo de la obra, pero no es así. Godot representa una especie de pretexto, de justificación, un “algo” que resulta imprescindible para actuar, para darle sentido a la existencia, al cual se le atribuye, erróneamente, una responsabilidad, que depende total y únicamente de la persona misma, entonces habrá que cuestionarse profundamente si esa espera pasiva resultará finalmente en la necesaria llegada de Godot.


Vladimir: Nos ahorcaremos mañana. (Pausa). A menos que venga Godot.
Estragón: ¿Y si viene?
Vladimir: Nos habremos salvado.

Esperando a Godot es una de las obras más rupturistas del teatro del siglo XX, considerada como una de las obras fundamentales del llamado teatro del absurdo. Y es a través del absurdo, que Beckett aborda temas como la fugacidad de la vida, la temporalidad, la soledad, la indiferencia, la duda, el sin sentido, la libertad, el vacío, el suicidio.

La obra es realista en el sentido que funge como espejo de la trama de la vida. Provoca sentimientos encontrados como piedad y terror, que obligan a reflexionar acerca del sentido que se le da a la propia existencia.

Exaspera, aterra, quizá por la inutilidad, ingenuidad o indiferencia de los personajes, la inactividad, la espera infinita, el diálogo inerte, la repetición, el tiempo que no pasa, un tal Godot que nunca llega. La obra suscita sentimientos de desesperación, vacío, quizá de vértigo, que no son más que una mera proyección que conduce ineludiblemente a una profunda introspección.

Sin duda vale la pena leer esta obra ya que es una lectura que compromete, deja cierta sensación de incomodidad que da pie a un pensamiento profundo, y como dice Beckett: “Cuando el pensamiento está en alguna parte, todo está permitido”.
Incita a reflexionar desde una perspectiva irónica pero franca, que provoca risa, de uno mismo,  de lo absurdo que se puede llegar a ser, a vivir. Su aparente sencillez, que es lo que la hace compleja, penetra con profundidad el alma humana ya que el lector se identifica con una serie de sentimientos y estados de ánimo que son compartidos por el género humano. Definitivamente, creo yo, es una obra que trasciende, sacude, cuestiona, concientiza. La vida es una obra de teatro y está en uno mismo la decisión de ser protagonista o espectador.

“Hay que darle un sentido a la vida, por el hecho mismo de que la vida carece de sentido” Henry Miller


Estragón: Vámonos.
Vladimir: No podemos.
Estragón: ¿Por qué?
Vladimir: Esperamos a Godot.
Estragón: Es cierto.




Bibliografía:

“La Otra Aventura” 


“Canal Encuentro” 


José Andrés Rojo. Madrid. 15 mayo 2012.










11 jul 2014

Julio Cortázar “Bestiario”: El tigre y la familia.

Por: Aurora Graciela Canet Álvarez.





Cortázar, Julio.
Cuentos completos/1.
Bestiario.
“Bestiario.”
México: Alfaguara, 1996.







Julio Cortázar escoge como título del libro de cuentos y del cuento mismo la palabra: “Bestiario”. Dentro del relato, la bestia es un tigre. La bestia, el tigre como representante del instinto. Conforme transcurre el cuento este instinto se va liberando en el personaje de Isabel, que al inicio hace referencia a una jaula rota. Probablemente esta jaula es del tigre, aunque el cuento nunca lo afirma. Este tigre se encuentra habitando los cuartos de una casa que desde el inicio del cuento se anuncia triste, uno cada día. Esa tristeza predominante tiene una razón de ser, razón que se va descubriendo a lo largo del cuento. La familia que habita este hogar: Los Funes, es una familia extensa. Es una familia que se extiende más allá del grupo doméstico. Esto quiere decir que está excluida de la familia conyugal, viven en una misma casa y pertenecen a varias generaciones. Se compone de los hermanos: Luis, Nene y Rema; con ellos vive Nino, hijo de Luis. Isabel es una niña enferma que llega de visita para veranear, y poco a poco se vuelve parte de la familia. Es ella, precisamente quien libera al tigre. Siendo el tigre uno de sus instintos. Este tigre, al estilo de Freud, esta amenaza latente ronda la casa. Todos en la casa le temen porque evitan confrontar los propios instintos. Isabel presenta poco a poco este miedo, tanto en relación a la familia, como en relación al hormiguero que tienen ella Nino, hormiguero que refleja a la familia misma. El cuento nos narra: “…y a ella le encantaba pensar que las hormigas iban y venían sin miedo a ningún tigre…” (p. 169). Otro extracto del cuento donde percibimos este miedo es cuando leemos: “Casi siempre era el capataz que le avisaba los movimientos del tigre; Luis le tenía la mayor confianza […] [y] no dejaba moverse a los que venían del piso alto hasta que don Roberto mandaba su informe.” (p.172).

Una vez mencionada la importancia del título, me referiré a algunos de los instrumentos expresivos y estilísticos de este cuento, ya que como mismo Cortázar lo comentó son vitales para la creación de una obra de arte. Esto, dice el autor, junto con la motivación entrañable,  la profunda vivencia que nos narra el cuento. En este cuento el narrador es un narrador omnisciente, es decir, un narrador en tercera persona, que no participa en los hechos, sino que observa desde fuera, tiene un conocimiento de todo lo que sucede, de los personajes, e incluso de los pensamientos y sentimientos de los mismos: “… Isabel, que pensó en la jaula rota y las cuentas de dividir y un poco en la rabia de la misia Lucera por tocarle el timbre a la vuelta de la escuela.” (p.165). En algunas partes del cuento hay diálogos entre los personajes:
”- Saque la mano, Rema – pidió.
-¿La mano?
-Ahora está bien. El reflejo asusta a las hormigas.
-Ah. Ya se puede bajar al comedor.” (p.170).
Por último, en breves momentos es Isabel quien narra por momentos breves, generalmente cuando está escribiendo a su madre: “Mamita, antes de ir a comer es como en todos los otros momentos, hay que fijarse si […] Pasó un largo rato hasta que un peón aviso que el tigre estaba en el jardín de los tréboles.” (p.167).

Ahora bien, en relación a esos instrumentos expresivos y estilísticos del cuento hablaré ahora de la organización y la forma en la que está contado. En este relato no hay capítulos o partes, aunque si se encuentran algunas partes que muestran cambios determinantes en la historia, como cuando Isabel: “Por primera vez entendía su presencia en los Horneros, las vacaciones, Nino.” (p. 170). Después de esta parte, se ve como el personaje va tomando determinaciones y finalmente acciones. Por otra parte, la historia está contada cronológicamente porque nos van narrando los hechos como van sucediendo: “… Isabel se levantó la primera para buscar a don Roberto, aunque don Roberto ya le había dicho antes. Dio la vuelta al porch y cuando entró otra vez , Rema y Nino tenían las cabezas juntas sobre los caracoles…” (p. 175, 176). En breves partes del relato hay retrospectiva, por ejemplo cuando Isabel habla del: “…recuerdo de tres años atrás, Nino mostrándole unas figuritas puestas con engrudo en un álbum…” (p. 165). Y en contadas ocasiones hay prospectiva cuando aún Isabel está en su casa y piensa en su viaje a Los Horneros, casa de campo de los Funes: “Se durmió queriendo que la semana se pasará esa misma noche, y las despedidas, y el viaje en tren, la legua en break, el portón, los eucaliptos, del camino de entrada.” (p. 165).

Toda vez que hemos conversado sobre el narrador, ahora me enfocaré en el estilo y la dicción. El estilo del autor es informal, ya que se narra una historia familiar: “El delantal de Rema se reflejaba en el vidrio. Isabel le vio la mano levemente alzada, con el reflejo en el vidrio parecía como si estuviera dentro del formicario…” (p. 170). Incluso hay momentos en donde intervienen personajes con estilos muy específicos en su habla cuando uno de los peones de la estancia le dice a Nino:  “<<Pa que vaj a juntar tó esos bichos>>” (p. 168). Este cuento, a pesar de tener este lenguaje informal, que pareciera ser casi campirano e infantil es complejo para el lector promedio, porque es Cortázar este autor que busca un lector competente, un lector informado, con deseos de conocer; y es por ello, que nos reta constantemente en sus obras. Nunca nos dará un cuento, un relato simple porque siempre crea esos espacios de indeterminación en donde existe esa ambigüedad que permite al lector ser parte del texto e interpretar miles de cosas a partir de un relato normalmente corto. Sin embargo para poder hacer estas interpretaciones, el escritor exige conocimiento de temas diversos. Por lo que yo me atrevería a decir, que el lector de Cortázar puede ser cualquiera que tenga avidez de saber, inquietud por comprender, curiosidad, ganas de no tomarse la vida y sus temas tan fuertes como un juego. Es ese lector que esté dispuesto a no ser más un lector pasivo, no vigilante y en ocasiones indiferente; como Cortázar mismo definió a la mayoría delos lectores.

Y llegamos al final de este cuento, en donde la lógica del clímax nos lleva a este final inesperado, pero a la vez tan esperado. Incluso deseado. Isabel, como se ha comentado en un párrafo anterior comprende de una forma súbita su función en la casa de Los Funes, de ahí va transformándose. Ese día, cuando ella toma conciencia, Nene golpea a Nino con la supesta causa de que habían roto su ventana. Siendo que en su felicidad, quien había golpeado la pelota fue Isabel. Lo cual lleva a pensar que en realidad el movil de esa golpiza fue el gran cariño entre Rema y Nino. Esa noche, Isabel vuelve a asemejar el formicario con la casa de la familia Funes y a las hormigas con los integrantes de la misma. Y el narrador nos cuenta sobre las hormigas: “Las vio ir y venir, bullentes, en un silencio tan visible, tan palpable. Trabajan allí adentro, como si no hubieran perdido la esperanza de salir.” (p. 172). Posteriormente el texto nos presenta a un mamboretá, ese insecto conocido también como mantis religiosa, en donde el texto mismo une los deseos de Isabel con el animal mismo: “-Qué maldita noche- dijo Nene detrás de su diario. Isabel hubiera querido decapitar al mamboretá, darle un tijeretazo y ver qué pasaba.” (p. 173). Después, cuando suben a sus cuartos, Nene le pide a Isabel que le diga a Rema que le lleve un a jarra de agua, a lo que Rema le pide por favor a Isabel que lo haga ella, ese por favor se queda grabado en la mente de Isabel: “Por favor, por favor. Rema, Rema. Cuánto la quería, y esa voz de tristeza sin fondo, sin razón posible, la voz de la tristeza. (p. 174). Comienza el nuevo día después de esa noche, y ese día es el día del final del relato. Final esperado, inesperado, con la desgracia de Nene, el desconcierto de Luis, con la falta de comprensión de Nino, con la aquiescencia o consentimiento de Rema y la felicidad de Isabel: “ …rota por su llanto feroz contra la pollera de Rema, su alterada alegría, y Rema pasándole la mano por el pelo, calmándola con un suave apretar de dedos y un murmullo contra su oído, un balbucear como de gratitud, de innombrable aquiescencia.” (p 176.), dejando al lector con una sensación de la fusión entre lo erótico y lo tanático, una fusión poco comprendida en nuestra cultura y con un impacto tremendo en la memoria del lector, con ese terremoto interno que siempre causa este gran escritor.


Para cerrar esta breve aportación al vasto mundo de lo Cortazariano, les diré que entre las tantas razones que encuentro para leer a tan estimado autor, mi propia versión de este por qué es:  porque con su humor surrealista, su espíritu romántico, su filiación existencialista, su cosmovisión de lo fantástico, su enorme intelecto y  las ganas que nos contagia de desgarrar el sentido común, Cortázar se vuelve un antídoto que nos permite destrozar la realidad misma para reencontrarnos con nuestro ser, para sacudir el horizonte y experienciar la maravilla de esa eterna búsqueda. Porque con él podemos jugar, no solo a la Rayuela, sino a miles de juegos lúdicos. Porque a mi me gusta jugar a los columpios cuando exploro los mundos posibles a través de lo no convencional, de nuevas perspectivas y de lo extraordinario. Porque amo abrazar con complicidad la metafísica y la patafísica y todo lo que me presenta y representa Cortázar para correr  con él como enanos hasta los columpios, donde está sentado cómodamente un ser llamado conocimiento. Y tenemos que aventarlo con toda la fuerza al infinito, hasta desbalancearlo y verlo caer rendido ante la realidad más real.